Durante miles de años, los engranajes han transferido movimiento a través del contacto directo. Los dientes se entrelazan y se requiere una alineación precisa para que los sistemas funcionen de manera confiable. Un estudio reciente de Jun Zhang y colegas de NYU demuestra un enfoque diferente: engranajes impulsados por fluidos. En lugar de dientes sólidos, el movimiento se transfiere a través de flujos de fluidos cuidadosamente controlados. En experimentos de laboratorio, se colocaron dos cilindros en un líquido viscoso. Cuando se rotaba un cilindro, generaba corrientes turbulentas que inducían la rotación en el segundo cilindro sin ningún contacto físico. Dependiendo del espaciado y la velocidad de rotación, los cilindros giraban en direcciones opuestas, como los engranajes tradicionales, o en la misma dirección, similar a las poleas impulsadas por correa. En todos los casos, la transferencia de fuerza ocurría completamente a través del líquido. Debido a que no hay contacto directo, el sistema evita el desgaste mecánico, problemas de desalineación y daños en la superficie. Aunque todavía es experimental, este mecanismo podría inspirar nuevos diseños para robótica blanda, microdispositivos y máquinas que operan en entornos delicados o hostiles. Estudio: Zhang et al., Physical Review Letters, NYU / NYU Shanghai, 2026