La afirmación de que las instituciones están "adoptando blockchain" merece más escepticismo del que normalmente recibe. Sí, las instituciones lo están adoptando, pero casi en su totalidad de las maneras más seguras y menos disruptivas posibles. Su interés no es la transformación; se trata de optimización. Eficiencia, reducción de costos, mejor conciliación. Ese patrón debería sonar familiar. Internet tampoco reinventó las instituciones, solo las hizo funcionar más rápido y más barato. Nuevas "empresas de Internet" surgieron y se volvieron más interesantes y dominantes. La verdadera innovación no proviene de las instituciones que trasladan flujos de trabajo existentes a nuevas vías. Proviene de entornos dispuestos a repensar esos flujos de trabajo en primer lugar. Por eso Ethereum es importante. Sigue siendo la única blockchain global con una ética de innovación creíble y sostenida, una que está explícitamente orientada a habilitar cosas que simplemente no eran posibles antes, en lugar de repetir las mismas actividades con ganancias marginales en velocidad o costo. Y aun aquí, todavía estamos en una etapa temprana. DeFi, RWAs, stablecoins, NFTs y DAOs no son el estado final. Estos son el acto de apertura. Dentro de cinco años, miraremos hacia atrás en estos primitivos como la punta visible de un iceberg mucho más grande: implementaciones tempranas de mecanismos de confianza, coordinación y económicos basados en Ethereum cuyo verdadero impacto apenas comienza a tomar forma. El error es juzgar a Ethereum por los casos de uso de hoy en lugar de por la clase de capacidades que está habilitando de manera constante.