Confesión: la mayor parte de mi escritura es en la ducha. Lo trato como mi etapa creativa. Apago las luces (excepto una vela), pongo música ambiental y me encierro allí durante 20 minutos. Por alguna razón, tengo el pensamiento más claro y la mayor creatividad mientras estoy ahí. Normalmente acabo con esquemas para cinco o seis artículos, dictados con Wispr. Menos mal que el iPhone es impermeable. Se ha convertido en mi recurso habitual siempre que tengo bloqueo del escritor o me queda atascado en un problema difícil.