A medida que la IA pasa de la nube al mundo físico (vehículos, robots, infraestructuras, sistemas de defensa), el coste de los errores aumenta drásticamente. En estos entornos, "lo probamos" no es suficiente. Los sistemas deben ser capaces de demostrar lo que hicieron, cómo lo hicieron y bajo qué reglas. Por eso estamos siendo pioneros en la IA verificable a gran escala.