El presidente Trump tiene toda la razón al señalar la asombrosa estupidez del Reino Unido al entregar las estratégicamente vitales islas Chagos a un país a más de 1.200 millas de distancia que no tiene ninguna conexión con ellas (y que, casualmente, es vasallo de China), puramente como un acto de expiación performativa. Más importante aún, demuestra que las personas que gobiernan Europa no pueden, bajo ninguna circunstancia, ser de confianza con un activo geoestratégico aún más importante, Groenlandia. El mundo real es demasiado peligroso para permitir que los europeos jueguen con la geopolítica.